LA GUAITA
 
 

EL MAPA DEL GENOMA HUMANO. Albert Alay [5] (03.07.00)

Británicos y norteamericanos han conseguido conjuntamente terminar el mapa de genoma humano. El espectáculo de Clinton y Blair anunciándolo al unísono por las cámara de televisión fue realmente emotivo. Y algo cómico. Habría sido al completo si hubiese actuado de mediador televisivo el canciller alemán Schroder --que en este caso estuvo relegado al simple nivel de telespectador--, pues habríamos podido gozar del espectáuclo de un episodio de la historia protagonizado por los tres “boquiabiertos” que más poder tienen en el planeta Tierra. Pero no fue así. Lástima, porqué siempre --digo siempre-- andan con la boca abierta. Y parece que siguiendo el mismo sistema de comunicación de masas, pués la abren siempre al mismo tiempo y obedeciendo al mismo estímulo. Son los únicos; ni el ruso Putin ni el francés Jospin se arriesgan a tragar sapos por vía oral si bien es cierto que han de aguantar la prepotencia de los otros.

De inmediato se levantaron voces advirtiendo de los peligros que podía comportar la mutación genética provocada y sobre la cual debemos hacer algunas consideraciones. En este caso aunque los anglosajones hayan sido los primeros no serán los únicos, ni tendrán la exclusiva, ni tendrán que esperar mucho a que este mapa esté a disposición de los científicos de muchos países. Es solamente cuestión de tiempo. Y por supuesto, va a ser difícil evitar la manipulación genética en el ser humano, entre otras cosas porqué nadie en su sano juicio va a incriminar, por ejemplo, a los afganos o a los chechenos, a los catalanes o a los extremeños, si intentan con ello curar enfermedades o evitar dolencias, y como de eso a conseguir otros fines va sólo un paso será difícil establecer fronteras; en este episodio científico no se podran poner puertas al campo. Lo que se acaba de conseguir es sólo el comienzo de una nueva era para la especie humana. Se han sentado las bases para actuar y a partir de ahora corresponde hacer buen uso de lo conseguido.

Algunos pretenden que tiene que haber una legislación mundial al respecto, lo cual es harto improbable cuando en realidad lo que venimos llamando “derecho internacional” es como mínimo una mascarada y en cualquier caso válido únicamente cuando se ratifica una norma por parte de los estados y sólo para los estados que lo ratifican. Para los que no lo ratifican se aplicará igualmente porque los poderosos pueden imponerlo pero no será derecho en sentido estricto si ello limita las libertades de algunos estados o de algunos indíviduos. De todos modos no es éste el problema. Si nos atenemos al hecho de que las leyes van siempre por detrás de las necesidades, o para decirlo de otro modo, se hacen las leyes cuando una realidad preexistente obliga, parece difícil que se vaya a legislar adecuadamente y en el momento oportuno, es decir, previendo las consecuencias a priori de unas posibilidades futuras. La ley jamás va por delante de la ciencia; es obvio. La ley se hace cuando la experiencia en la aplicación de una idea o un avance exige una regulación. Pero en este caso tanto el legislador, como el ejecutivo, como el sistema judicial que deben velar por el cumplimiento de lo estrictamente necesario van a ser inoperantes ante la realidad de la manipulación genética, porqué ésta puede hacerse a hurtadillas en cualquier laboratorio sin que sea posible controlarlo. No se puede hacer una ley sin conocer exactamente las posibilidades de aquella parte de la ciencia y de la técnica, puesto que sólo se puede crear la norma en base a lo perfectamente conocido. ¿Se podía hacer una ley sobre reproducción asistida antes de que la ciencia médica la practicara habitualmente? No, por supuesto, y así en tantas cosas.

Sí se pueden crear a priori normas de orden ético o moral antes que la técnica cree algo que exija regulación legal, pues la ética y la moral no están sujetos al rigor de una ley que debe ser aplicable sin fallos y por lo tanto con perfecto conocimiento. Y de otra parte, las leyes deben obedecer siempre a criterios morales y éticos preestablecidos y asumidos; las leyes pueden ser amorales, inmorales o no conformes a la ética. Y la ética --o la moral-- puede ir mucho más allà que una ley --por eso puede condicionar la confección de la propia ley-- porqué es la visión previa que tienen los seres pensantes sobre cuanto existe y sobre cuanto sólo está en la imaginación de algunos.

Por ello cada vez es más necesaria la existencia de una institución de carácter representativo que emita juicios de valor no vinculantes pero sí orientativos sobre lo que en el futuro pueda estar bien o no estar bien. No basta la opinión, en este caso, de las academias de ciencias médicas, ni de las instituciones religiosas, ni de las ONG’s, ni de asociaciones y fundaciones. No sobran, por supuesto, e incluso pueden sin duda ayudar, pero se precisa un foro público tan representativo como puedan serlo las cámaras legislativas, los gobiernos y los órganos judiciales --aunque no vinculantes-- y con el único fin de vehicular valoraciones éticas hacia la opinión pública.