LA GUAITA
 
 
 
 
OPINIÓ

 
 
 

LAS LISTAS DE FRANCO. Albert Alay (20.07.05)

En los magníficos reportajes de Eduardo Martín de Pozuelo en La Vanguardia sobre el franquismo trata de las listas que tenía preparadas el general Franco para hacer limpieza en el caso de que por la presión de las grandes potencias tuviera que abandonar el poder. Es importante esta precisión puesto que el franquismo fue más que Franco y todos aquellos que contribuyeron a la victoria de su causa estaban comprometidos hasta el cuello por la brutal represión –una devastación humana— que cometieron sobre los vencidos después de terminada la guerra.

Es posible que Franco tuviera preparadas estas listas y que estuviera dispuesto a poner en práctica sus propósitos habida cuenta su falta de escrúpulos de antes, durante y después de la guerra. Deberían escribirse sus correrías en el Rif, en las minas de Asturias en 1934, durante todo el curso de la guerra y en la larga y cruenta posguerra. Pero no estaba solo. Era mucha la gente que sentía lo mismo en el bando vencedor. Y ese deseo se olía en las calles de las ciudades y los pueblos; jamás habrían abandonado el poder sin exterminar a quienes quedaron postrados por la derrota y pudieron conservar su vida.

En mi pueblo sucedió lo mismo. Había un Caudillo local, que liberó el pueblo de unos rojos que no mataron a nadie y salvaron a muchos, y que sin embargo al entrar en la población con sus huestes se empeñó en buscar quien había asesinado a su padre –que había muerto en la cama, de enfermedad, y que a pesar de tener dos hijos combatiendo con los nacionales— no había sido molestado por nadie. Tuvieron que ser personas de derecha del pueblo quienes convencieron a dicho Caudillo de la realidad y así evitaron una matanza. Lo curioso del caso es que en cuanto encontraba un veraneante de Barcelona de su misma vocación le soltaba, aún veinte años después de terminada la guerra, que a su padre lo habían asesinado los rojos en el pueblo. Y aunque yo no tenía amigos de tan baja catadura moral, al menos conocía algunos y me lo contaban; no uno ni dos, muchos. Era tal el orgullo de la gente que ganó la guerra que incluso puso su nombre en la calle más importante de la población.

Pero volvamos a las listas: dicho Caudillo decía ostentosamente a la gente en las tertulias: “Ya sé que no vamos a aguantar mucho tiempo en el poder, pero os aseguro que antes de abandonarlo haremos limpieza”. Eso lo decía a muchos y puedo dar fe de que es cierto. Sucedió, no obstante, que se hizo la transición y ni siquiera los rojos que habían sido víctimas de aquella Cruzada hicieron nada en contra de los vencedores. Incluso han dominado las finanzas gente como Martín Villa, y en algunos casos la política como es el caso de Don Manuel Fraga. Nadie los ha molestado ni ha mostrado la menor sed de venganza. De lo que infiero que ganaron la contienda los sublevados, gente de baja calaña, y que los rojos y separatistas hemos sido respetuosos en todo momento con aquella gente.

Por lo tanto, Franco pudo haber preparado sus listas pero la gente franquista también. Eso para que vayamos con cuidado con aquellos tipos que si fuera preciso se ensañarían nuevamente con las mismas víctimas.